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"Comunicación interna"

 

  • Redacción NoticiasFuerteventura
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    Los casi 30.000 euros que se gastó la tele canaria en el ágape de Poema del Mar siguen trayendo cola: ayer, el administrador único del Ente, Francisco Moreno, tuvo que explicar en la comisión parlamentaria de control de la tele por qué se gastó esos cuartos y si el dinero invertido sirvió para algo. Moreno, bastante circunspecto y con aire tristón -es la primera crítica que ha recibido desde que asumió el cargo- se defendió como pudo, calificando la fiesta celebrada como un "acto de comunicación interna" y explicando que se trataba de reunir a la plantilla de la tele tras haberse producido la subrogación por parte del Ente Público de casi tres centenares de trabajadores de distintas contratas, que nunca habían tenido la oportunidad de confraternizar entre ellos. Para que el encuentro fuera posible, hubo que fletar un avión para trasladar a los trabajadores tinerfeños hasta Gran Canaria, y contratar setenta plazas de hotel, además de lo que costó el alquiler de las instalaciones y la fiesta en sí misma. Moreno había explicado cuando se produjo la polémica que la fiesta costó menos porque se realizaron intercambios publicitarios, una práctica regulada contablemente que no reduce el coste de nada, y ayer intentó arreglarlo asegurando en la Comisión parlamentaria que no se trataba de intercambios publicitarios sino de la emisión de "contenidos audiovisuales" de las empresas que prestaron servicios para la fiesta. Eso levantó aún más polvareda, porque las televisiones públicas no pueden emitir esos contenidos sin aclarar a sus audiencias que se trata de publicidad, y si es publicidad hay que cobrarla. Francisco Moreno no dio más explicaciones e hizo mutis.

     

    Tampoco pudo justificar el incumplimiento de la normativa de 2010 que establece desde el inicio de la crisis que el Gobierno de Canarias y sus empresas y organismos dependientes sólo pueden realizar actos como cócteles, fiestas o jolgorios diversos que impliquen gasto, usando sus propias instalaciones y justificando previamente su necesidad, algo que Moreno se olvidó de hacer. Claro, al final, tuvo el hombre que aguantar el chorreo de toda la oposición y la división de los partidos que apoyan al Gobierno: los gomeros y Nueva Canarias mantuvieron las críticas realizadas cuando se supo del gasto, y Moreno, a pesar de pedir disculpas por su "comunicación interna", sólo recibió el apoyo del PSOE y Podemos, que justificaron la celebración del fiestorro.

     

    En realidad, y pese a que 30.000 euros es mucho dinero, el problema no ha sido probablemente la celebración del encuentro en sí, sino que Moreno ha aterrizado en el Ente en esta nueva etapa, sin ser consciente de los muchos cambios producidos en torno a la tele canaria, convertida en el territorio donde se desarrolla desde hace quince años una cruenta guerra política y mediática. El administrador único tiene que adaptarse a esa situación. O no sólo va a tener problemas por celebrar una fiesta: lo que en su primera etapa al frente de la tele podía resolverse con un acuerdo entre partes, pactos de caballero con las empresas proveedoras, o decisiones consensuadas en el filo de la normativa, hoy está sometido a la picadora de carne que es la comisión de control del Parlamento, en los últimos años muy permeable a los intereses de las empresas adjudicatarias, y especializada en destruir carreras y achicharrar prestigios.